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• Los expertos alertan del riesgo de que los coches puedan entrar en el carril bus-tranvía • ERC pide más espacio peatonal y CiU duda de que el Eixample absorba el tráfico
CARLOS MÁRQUEZ / XABIER BARRENA. BARCELONA. El primer proyecto de reforma de la Diagonal que ayer dio a conocer este diario no ha cosechado grandes elogios pero sí ha logrado que entidades, representantes vecinales y grupos políticos -particularidades a un lado- se pongan de acuerdo en algo: nadie compra la propuesta porque las aceras son muy estrechas.
Con la cautela que impone el hecho de que el ayuntamiento no haya presentado oficialmente ninguno de los dos dibujos que los barceloneses votarán en primavera, varias asociaciones que se apuntaron al proceso participativo mostraron ayer una mezcla de desencanto y temor. En el caso la asociación Promoció per el Transport Públic (PTP), ese miedo se tradujo en frustración. El presidente del colectivo, Ricard Riol, reclamó «más espacio abierto junto a las fachadas» y alertó del peligro de que los vehículos privados «puedan invadir el carril destinado a bus y tranvía». «Tal y como se plantea, no invita al paseo y se parece demasiado a la Gran Via», resumió. Desde CCOO, Jaume Vernet censuró la propuesta porque mantiene la Diagonal «como un lugar de paso y no como un eje cívico al servicio de los peatones» y lamentó «la falta de espacios abiertos que potencien el comercio».
BICI SEGREGADA / El Bicicleta Club de Catalunya secundó la necesidad de aceras más anchas -«tienen un espacio del todo insuficiente»- pero se centró en su terreno. Jordi Manuel Galí, miembro de la junta, celebró que el carril bici esté segregado y junto a la zona de vehículos de velocidad limitada a 30 kilómetros hora, pero se planteó de qué manera entrarán los ciclistas en las grandes intersecciones de la arteria. El sector del taxi, por su lado, se fregaba los ojos ante el boceto de este primer plan. Josep Maria Goñi, secretario general de la Federació Catalana del Taxi, se preguntó por dónde circularán sus compañeros e insistió en que los taxis deben poder rodar por la Diagonal «a una velocidad superior a los 30 kilómetros por hora», ya que, de lo contrario, «la gente optará por otros medios más rápidos». «Da la sensación de que el proyecto se ha olvidado del taxi», compartió, incrédulo, Goñi. Joan Estevadeordal, presidente de Catalunya Camina, reclamó una acera de cinco metros bajo el argumento de que la mayor carga de peatones «se concentra en los laterales, donde están los comercios», y planteó un montón de dudas que restan por aclarar. «¿Cómo se resuelve el aparcamiento de motos y las zonas de carga y descarga? ¿Dónde se colocarán las paradas de bus y tranvía?». Estevadeordal aportó también aspectos positivos, como la «reducción de la movilidad en coche en toda la calle, lo que se traduce en menos contaminación y menos ruido para los vecinos de la zona». El vicepresidente de la Federació d'Associacions de Veïns de Barcelona, Jordi Giró, destiló algo de decepción en su explicación. «No es un cambio espectacular, falta algo de ambición y darle un par de vueltas más al tema», aseguró. Es el mismo argumento de UGT, que recetó «una reflexión a fondo sobre lo que se espera realmente de la Diagonal» y pidió más «medidas disuasorias para evitar el tráfico de coches».
REACCIÓN POLÍTICA / Los partidos de la oposición municipal (CiU, PP y ERC) no quisieron analizar en detalle la propuestas hasta que esta no sea oficial. Con todo, CiU sí se mostró «sorprendida» por una propuesta que, a su juicio, puede perjudicar a la movilidad de la ciudad. «Habrá que estudiar muy a fondo la capacidad de absorción de las calles adyacentes y ver si pueden asumir el tráfico», señaló Joaquim Forn. Esquerra, por su parte, echó en falta mayor capacidad de transporte público y aceras más anchas. Alberto Fernández Díaz (PP) acusó al bipartito de gastarse millones en una consulta pese a que las obras ya están preestablecidas.
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